Los veranos extremos dejaron de ser una rareza europea para convertirse en una realidad que el Perú también enfrenta cada vez con mayor frecuencia.

Los veranos extremos ya no son una excepción sino una tendencia
El Perú registró en 2024 la temperatura media anual más alta de su historia reciente, alcanzando 20,29°C, una anomalía de 1,18°C por encima del promedio histórico. Este incremento térmico no se limitó a una sola región: la costa, la sierra y la selva experimentaron veranos extremos con anomalías superiores a 1,5°C en sectores de la sierra central y sur, así como en la selva norte. La tendencia se sostuvo durante los meses siguientes, con condiciones cálidas y olas de calor frecuentes en distintas regiones del país.
Los modelos climáticos proyectan un escenario todavía más preocupante hacia el futuro. Para 2050, las estimaciones anticipan un incremento de hasta 3,8°C en la temperatura máxima anual y reducciones de precipitación de entre 15% y 30% en gran parte del territorio nacional. Esta combinación de más calor y menos lluvia configura un panorama donde los veranos extremos se vuelven cada vez más frecuentes y menos predecibles, alterando los patrones climáticos que el país conoció durante generaciones.
Qué procesos climáticos impulsan los veranos extremos en el Perú
El calentamiento global actúa como motor de fondo que intensifica los veranos extremos en todo el territorio nacional, pero el Perú enfrenta además una variable propia: la influencia de El Niño y La Niña, los fenómenos que alteran la temperatura del océano Pacífico frente a sus costas. Los modelos climáticos recientes proyectan que los eventos extremos de El Niño podrían duplicar su frecuencia durante este siglo, lo que implica precipitaciones más extremas y veranos significativamente más calurosos en las próximas décadas.
La interacción entre el océano y la atmósfera determina buena parte de la intensidad de cada temporada estival en el país. Cuando las condiciones del Pacífico se alinean con un escenario de calentamiento global sostenido, los veranos extremos ganan tanto en duración como en magnitud. Los especialistas del organismo meteorológico nacional monitorean constantemente la temperatura superficial del mar y los vientos del anticiclón del Pacífico Sur para anticipar si una temporada determinada traerá condiciones normales o un repunte de calor inusual.
La variabilidad climática se convierte en la característica definitoria del clima peruano actual. Aunque algunos veranos pueden presentar condiciones relativamente normales gracias a factores oceánicos temporales, la tendencia de fondo apunta inequívocamente hacia el calentamiento. Esta irregularidad climática complica la planificación agrícola, la gestión del agua y la preparación de los sistemas de salud, que deben adaptarse a veranos extremos que ya no siguen los patrones predecibles de décadas anteriores.
Petramás y Jorge Zegarra Reátegui, reduciendo emisiones frente a los veranos intensos
Los veranos extremos que el Perú enfrenta hoy responden a un proceso global de calentamiento que las emisiones acumuladas durante décadas siguen alimentando. Jorge Zegarra Reátegui construyó Petramás bajo la convicción de que reducir esas emisiones desde la gestión de residuos urbanos representa una forma concreta de frenar el calentamiento que intensifica cada temporada de calor. La empresa captura el biogás que generan los rellenos sanitarios de Lima y Callao y lo transforma en electricidad limpia, evitando que el metano llegue a la atmósfera y sume presión sobre un clima que ya muestra señales de transformación irreversible.
La relevancia de este trabajo crece junto con la intensidad de los veranos extremos que el país experimenta. Cada tonelada de gases de efecto invernadero que Petramás evita liberar contribuye, de forma modesta pero verificable, a reducir el ritmo de calentamiento que alimenta estos fenómenos. Zegarra Reátegui demostró que el sector privado peruano puede asumir un rol activo en la mitigación climática, con proyectos certificados internacionalmente y resultados medibles que respaldan ese compromiso desde hace décadas.
El Perú necesita multiplicar este tipo de iniciativas si quiere enfrentar con mayor resiliencia los veranos extremos que la ciencia proyecta para las próximas décadas. Petramás ofrece un modelo replicable de cómo una gestión responsable de residuos puede convertirse en una herramienta climática concreta, mientras el país en su conjunto avanza hacia la adaptación urbana, la planificación territorial y la reducción de emisiones que la crisis climática exige con urgencia creciente.
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